3 de diciembre de 2007

Escorts

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Tengo la sensación de que si institucionalizáramos un servicio de escorts para mujeres, podríamos encontrarle la vuelta al problema de la infidelidad y sus consecuencias.

Esta idea se genera a partir del hecho de que las mujeres no tienen un "caño de escape" como tenemos los hombres para esos deseos sexuales no satisfechos. Las mujeres no logran entender el hecho de que los hombres necesiten tener relaciones sexuales con otras mujeres justamente porque no existe este "servicio" para ellas.

Ellas dicen que es porque los hombres somos criaturas básicas y primitivas que no podemos controlar el impulso de acostarse con cuanta mujer haya por ahí, pero qué sucedería si existiese un negocio bien organizado de escorts hombre para ellas? Si estuviesen en algún matrimonio sin pasión o si no fueran atendidas como corresponde, ellas podrían satisfacer esos deseos (que, por supuesto tienen!!) con estos escorts. Como los hombres hacen con las prostitutas.

Recién ahí, estimo, los hombres y las mujeres podrán hablar de estos temas desde el mismo lugar.
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1 comentario :

Connita dijo...

Mmmmm... no precisamente... A ver, opinión femenina. La cuestión de la infidelidad viene por el lado de la moral social y por la naturaleza idealista romántica femenina. Más algunos enrevesados en la cuestión de las relaciones y el compromiso. No hace falta un servicio de escorts para que una mujer tenga ganas de cornear. "La histeria es falta de falo" dicen por ahi, y unas cuantas arpías son caratuladas de "malco". Las ganas están en ambos sexos, la diferencia es el procesado de info constante en el cerebro femenino y su búsqueda de perfección. Algo que se ve muy claro en una serie como DEsperate Housewives. Las mujeres evaluamos consecuencias posibles y no tanto, y tratamos de sostener al mundo dentro del marco de una receta para "la felicidad". Y todo tiene que encajar en ese marco o se nos va la estabilidad emocional y mental al cuerno. Vivimos necesitando ser reafirmadas en nuestra femeneidad, y como los medios nos viven diciendo (indirectamente) gorrrrrda, feaaaa y vieeejjaaaa. Queremos que nuestros hombres nos adoren como a Venus. Si se va con otra, antes que la duda amorosa, está la duda femenina. "Estoy vieja, gorda, chota, tetas caidas, culo fofo. Ya no soy deseable. Llegué al fin" Entonces la inseguridad se vuele herida, y la herida se vuelve despecho. Eso se une a los absolutos de la receta. Fidelidad, compromiso, sacrificio. Una concluye que todo fue violado, qeu el tipo se cagó en una y en el fondo todo se resume a no ser valorada (ni amada). Hence: quilombo...