30 de mayo de 2008

Espejos

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Mirarse al espejo. Un acto un tanto narcisista si se lo analiza superficialmente, pero sumamente profundo si se piensa en lo que se está viendo. Uno ve lo que de otra manera no podría; nuestros ojos no pueden ver para atrás, no los podemos sacar de las órbitas y hacer que miren para atrás (aparte de que veríamos un espectáculo MUY grotesco y digno de una peli bien gore de Clive Barker o Peter Jackson en sus primeras épocas).

El espejo nos devuelve, en algunos de ellos un poco deformada, la imagen física y tangible que el resto de la gente ve de nosotros.

Ese (o “eso”, jeje) que se ve allí soy yo..yo, yo. Mi cara, nariz, pelo, ojos. Los ojos se “auto-ven”…mmm…

Probaron alguna vez verse en serio? Y con esto me refiero a acercar bien la cara al espejo y mirar dentro de las propias pupilas, sin pestañear... auto-mirarse en las profundidades de esa negrura que, a veces, asusta. No lo vemos porque está muy oscuro, pero estimo que si hubiera luz dentro de nuestras pupilas, se produciría ese efecto tan peculiar que se produce cuando uno se mira en un espejo que tiene del otro lado otro espejo y produce esa sensación de que hay infinitos “yoes” haciendo lo mismo al mismo tiempo. Se dieron cuenta de que esa negrura no refleja la luz?

Prueben. Acerquen la cara y vean a través de sus pupilas. Busquen y esperen. Tengan paciencia. Si miran fijo y atentamente, seguramente algo pasará. Su cerebro comenzará un trabajo que probablemente nunca ha hecho, moverá y activará áreas durmientes del mismo que despertarán del letargo y una sensación de trascendencia y “unión cósmica”, por llamarlo de alguna manera, los inundará.

Verse a los ojos. A los propios ojos.

Qué buen invento los espejos che…
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