31 de marzo de 2011

8 minutos

Noche fresca y agradable, un pequeño viento que mueve musicalmente los árboles y un cielo lleno de estrellas…de soles en realidad, sólo que son soles lejanos.

Llega la mañana, fresca también, llena de olores naturales, con un vientito que sigue empujándolo todo y el cielo, ahora con una sola estrella (visible), grandota, poderosa, que hace unas horas no estaba ahí y ahora le da energía a todas las máquinas biológicas que existen.

Es como si uno de los puntitos intermitentes del cielo de ayer a la noche se hubiera agigantado acercándose hasta ahí nomás, hasta esa distancia tan exactamente perfecta. La “nada” de luz que daba la noche anterior, ahora es una luz total.



Todas las cosas que hay sobre la Tierra reciben la radiación de esa bola de gas fundiéndose a temperaturas y presiones extremas. Radiación; sí, de esa que todos se asustan cuando hablamos de reactores nucleares fallidos. Un abanico de radiaciones que te mutan el adn y te calcinan.
Sin embargo existe un equilibrio tan perfecto pero a la vez tan frágil que la radiación que te muta el adn es filtrada en su mayor parte y la radiación que te quema es atemperada para hacerte sentirte cómodo un día cualquiera de verano. Como si hubieran dicho: “bueno, encontré esta manera genial de generar energía en cantidades ingentes, aunque en realidad tiene efectos secundarios nefastos, sí, pero los solucioné con una serie de barreras que los disminuyen, así que está todo bien! LOL - :)”.

Damos por sentado, mientras pasan nuestras vidas en cada uno de estos ciclos de luz/oscuridad que nos marcan el tiempo, que ese equilibrio es eterno e inmutable; pasa desapercibido como un ruido cualquiera que por su constancia nuestros sentidos terminan por descartarlo como input sensorial y finalmente lo silencian.
Todas nuestras miserias, peleas, aspiraciones, amores y éxitos transcurren bajo una amenaza apocalíptica silenciosa y constante que está esperando agazapada detrás de un “escudo de fuerza” invisible de gases varios y energía electromagnética, y que gracias a él nos muestra una cara amigable y bondadosa de esa estrella, cuando la realidad es que es un monstruo destructor e irracional.

Una estrella-sol, una máquina de generar radiaciones, que puede cualquier día de estos fallar o tener un problema serio y así sin aviso, obliterar todo rastro de vida, especialmente en esta tercer bola elíptica de rocas y agua que flota alrededor de ella…a sólo 8 minutos de alcance de su tremendo poder.


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