22 de julio de 2011

Miedos volcánicos

Los eventos de los últimos meses relacionados a la erupción del volcancito este en Chile me han demostrado, otra vez, lo involucionados que estamos.
Hay una conducta humana bastante criticable que mezcla varios aspectos de connotación negativa, incluyendo el morbo, la histeria y la falta de visión general.

Cuando sucede algo de índole violento o masivo en la naturaleza, ese tipo de eventos sobre los cuales tenemos poco o nulo control, en nosotros se despiertan automáticamente comportamientos muy parecidos a las actitudes que tomaban las culturas antiguas o tribus aborígenes que relacionaban casi todos los sucesos climáticos/atmosféricos/naturales con las acciones de dioses o seres sumamente más poderosos que ellos: escencialmente sumisión y terror. Esas dos actitudes hoy se desdoblan y amplifican en un abanico de comportamientos varios que tienen su mayor trampolín en la tecnología. Hoy somos más y tenemos más medios para propagar el terror y la sumisión, transformada en una especia de conducta colectiva de encierro y fragilidad. Cuanto más tecnología y confort nos rodea, más frágiles y malacostumbrados nos encontramos ante los embates primitivos de la naturaleza.

Me acuerdo desde chico haber leído y visto predicciones de visionarios (científicos y no tanto) sobre el futuro de la humanidad y en su mayoría trataban sobre seres físicamente más indefensos y frágiles, pero mentalmente más poderosos y hasta con capacidades telepáticas muy desarrolladas. Creo personalmente que le pegaron (o le van a pegar) con la primera parte pero no con la segunda: parecería ser que tendemos a volvernos seres físicamente frágiles, dependientes de una miríada de drogas y medicamentos y muy susceptibles a los cambios permanentes de la biosfera, pero con comportamientos cada más parecidos a animalitos indefensos corriendo ciegamente en masas desesperadas ante un estímulo negativo proveniente de la naturaleza.


La verdad es que debajo de todo este comportamiento parece estar el omnisciente miedo a morir. Y lo que es peor, a morir en medio de un sufrimiento insondable. Cualquier cosa que suceda que esté en contra de nuestras necesidades, instintivas o no, nos provocará este comportamiento. Miedo que, al parecer, sólo nos pertenece a nosotros.

En contraposición a esto, la naturaleza nos da como siempre lecciones de humildad y superioridad ante estos eventos. Como ejemplo bien simple y efectivo, ante la lluvia de cenizas y arena que cae sobre ciudades y aglomerados de gente desde un volcán enojado, vemos hombres, mujeres y niños escondidos y tapiados en sus casas, que salen sólo ante urgencias mayores con barbijos y hasta máscaras de oxígeno (he visto algunas) cuando al lado de ellos gaviotas, palomas, perros y otros animales corren, vuelan y saltan sin ninguna preocupación. Preocupémonos cuando no veamos animales cerca o activos alrededor, ahí si que la cosa debe estar heavy...

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