22 de septiembre de 2011

Política de Valores


A mí me gustaba Néstor Kirchner y lo que hacía en los primeros años de gobierno. Demostraba huevos, ponía orden y hacía cosas que nadie se había animado a hacer durante los anteriores gobiernos. Pero luego derrapó, se volvió omnipotente y empezó a comportarse como un megalómano donde lo único que tenía valor era lo que a él le parecía (comprobado por la falta total de diálogo que había entre el Ejecutivo y el resto de los poderes). Se hacía lo que Kirchner quería o nada.
Luego subió al poder su esposa, Cristina y las cosas no cambiaron mucho, sólo que al principio y hasta la muerte de Néstor, parecía que Cristina era sólo un títere de su marido. Muerto él, Cristina no tuvo más que reponerse al duelo y levantar casi del piso la imagen Kirchner si quería seguir gobernando. Lo hizo muy bien y ahora tiene al 52% del país (o mejor dicho, de la torta electoral que no es lo mismo) a sus pies. Ya no es el títere de nadie, ella es la titiritera. Pero con el mismo comportamiento megalómano de su difunto esposo. Sólo que le agregó glamour, con lo que esa conducta se vuelva más irritante todavía, porque lo muestra sin pudor y sin importarle de si hay gente de ese pueblo que tanto valora al que le parece una falta de respeto.

El país está mucho mejor desde el 2003, es innegable, y a pesar de problemas específicos (e importantes vale decir), en general se está mejor (siempre comparando con el 2001, ojo. Comparado con otras épocas del país es más discutible). Pero lo que se ha mejorado en algunos rubros, se ha desmejorado en otros. Y los que sufrieron retrocesos o los que se han potenciado no son esencialmente rubros económicos, sino morales y sociales. Fastidio, rencor, corrupción, faltas de respeto, omnipotencia, megalomanía, discriminación ideológica, anarquía, berretismo (no es un rubro per se, pero es algo real), etc., etc. Estas características son igual (o peores) de destructivas que las políticas económicas nefastas, la pobreza, el desidio por la “industria nacional”, etc. Se meten subrepticiamente en el día a día, silenciosas, caústicas, en la manera de ser argentina. Casi el mismo modus operandi que el virus del HIV. Y corroen, con el paso del tiempo, todo lo bueno que se puede haber hecho. Y esto ha sido demostrado una y otra vez, casi sin variantes, en la historia del mundo.

Me cuesta mucho votar para que siga marcando el rumbo de mi país, a una persona/ideología/partido político que no da entrevistas, que habla sólo delante de una troupe de personas que la apoya, que caprichosamente genera decretos cuando las leyes que quiere imponer no tienen eco en el poder legislativo, que se ha enriquecido de la manera obscena en que lo ha hecho teniendo la responsabilidad antagónica y contrastante de luchar contra la pobreza y que, además, te dice en la cara, sin ningún estupor, que vos estás equivocado. Si uno lee/ve la novela/película 1984 de George Orwell, se le puede llegar a poner la piel de gallina con la automática e inevitable comparación…


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