9 de junio de 2009

Océanos

Un avión lleno de personas (que vistas desde lejos no son más que pequeños animalejos formados por estructuras carbonadas que respiran pequeñas cantidades de oxígeno y se introducen pequeñas cantidades de materia orgánica cada tanto y a intervalos de tiempo relativamente predecibles) se desmenuza a 11.000 metros de altura y cae en medio de la noche al mar como motas de hollín. El único testigo, la oscuridad del océano y los ocasionales estruendos de los truenos de una fuerte tormenta.

Ese grupo de personas, que caen al mar junto a los restos del avión, congelados, hipóxicos, dormidos algunos, otros aterradamente despiertos, se despiden silenciosamente de sus seres queridos, de sus responsabilidades, de sus cosas. Algunos se miran unos a otros, tratando de buscar en los ojos del hasta ese entonces extraño que ahora es el único nexo con sus propias humanidades desvanecientes, alguna respuesta, una palabra de contención que les de esa tranquilidad tan necesaria.
El océano los espera debajo, como una cama gigantesca que los hará dormir para siempre.

Esos últimos segundos, demasiado efímeros, son todo lo que les queda de unión a esta realidad, a esta vida. Pasan muy rápido, no alcanzan para nada. El ruido insoportable de la caída, de los rugientes motores quemando lo que quede de combustible, del viento silbando violentamente a través del metal rasgado como papel manteca, el ocasional grito, la oración, las palabras de desesperación, son todo lo que queda hasta ese inevitable final.

El silencio llega al fin. El evento sucedió, pasó. El caos pasa dejando lugar a un nuevo equilibrio, el del natural movimiento sinuoso de las olas, de la lluvia cayendo sobre el mar, del silencio ominoso de un océano oscuro y primitivo, que tapa todo, que hunde y esconde en lo profundo de sus aguas los restos de lo que fueron un grupo de seres humanos llenos de defectos y virtudes, esperanzas, deseos, secretos, pasiones, creencias. Vida.

La lluvia golpetea suavemente la superficie de las olas. No hay nada más.

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