24 de octubre de 2014

Simple y Complicado


“…No hay paz para mí, a menos que vuelque las cosas en papel. Tengo que dejarlas salir y simplificar mis ideas. Pero es muy difícil simplificar las cosas y muy fácil, en cambio, complicarlas” 

“Desaparición”, de Richard Matheson © 1977 



La experiencia diaria nos dicta que es muy difícil simplificar las cosas, sin embargo parecería ser extremadamente fácil complicarlas, a todo nivel.

Si la complicación y/o complejización de estados/estructuras es una tarea relativamente fácil, extrapolando dicha generalidad a la realidad no-humana, se puede determinar que es por eso que es previsible e incluso favorecida por el medio, la evolución a organismos cada vez más complejos; en una palabra, nosotros fuimos fáciles para la vida y un virus sería lo más difícil de hacer de la nada (de aquí se podría desprender de que un virus o una ameba, que con su simplicidad “vive”, resiste, se adapta y muta ante los desafíos del ambiente con mucha más eficiencia y rapidez que nosotros, es un organismo mucho más perfecto y avanzado que un ser humano o animal cualquiera).

Por otro lado, la misma extrapolación nos podría llevar a comparar la dificultad entre la simplificación de nuestras vidas y la matemática: el mismo principio de “simplicidad difícil” compone cada pedazo de realidad que nos rodea. Como en la Proporción o Número Áureo, que repite entre cada cosa que existe la misma progresión numérica que determina las escalas “divinas” de proporción, dicha directiva atraviesa cada componente del universo en forma absoluta y define la realidad; “nos” define.

Puede ser que las respuestas a todo esté en ecuaciones más simples que las que se usan para intentar explicar este universo y por eso es tan difícil llegar a una respuesta?

Si es así, el principio de Occam, dentro de esta diatriba, estaría automáticamente validado.


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