25 de junio de 2009

Gaia and Medea

Existe una teoría, postulada por James Lovelock hace más de 40 años, que trata la idea de que la Tierra es un organismo viviente per se, un “superorganismo”, o sea que todo lo que forma parte de este planeta es en sí un ser vivo, que reacciona y se desarrolla como lo haría un pez, un humano, una cabra, un ecosistema.

Esta teoría, llamada “teoría de Gaia”, que a prima face puede despertar suspicacias sobre su rigor científico, ha sido en realidad ampliamente aceptada y puesta a prueba en varias oportunidades y ha servido también como base para el entendimiento e investigación de muchos otros aspectos de la ciencia que todavía necesitan resolverse. Lovelock de por sí es un respetado miembro de la comunidad científica.

Ampliando un poco más este concepto de Gaia, se puede decir que la Tierra se ha autoregulado durante su historia a través de mecanismos de retroalimentación muy complejos (como lo podría ser el sistema inmunitario) y así ha podido mantenerse relativamente estable (en homeostasis) permitiendo el desarrollo evolutivo de la vida a lo largo de los billones de años que han transcurrido desde que la Tierra se formó.

Estos mecanismos son el centro de las investigaciones sobre la teoría y en los últimos años han sido confrontados/rivalizados con los postulados de la némesis de Gaia, Medea. Según la mitología, Medea era la esposa de Jason de los Argonautas y asesina de sus propios hijos.
Por lo tanto, mientras Gaia cuida la vida y la mantiene estable y autorregulada, Medea la desequilibra y descuida, dejándola librada a su propia suerte.

Los descubrimientos “medeanos” que han puesto todo esto de Gaia bajo la lupa, refieren a los períodos en que la Tierra ha sufrido tremendos episodios de desequilibrio y destrucción, tales como las superglaciaciones de hace 2. 3 billones de años y la más reciente de 700 millones de años, en que la Tierra se congeló a tal punto de que todo el océano se volvió un sólido bloque de hielo. Estas glaciaciones (más conocidas como la “Tierra bola de nieve” o “Snowball Earth”) sumadas a otros eventos no menos catastróficos, son considerados como causados por la propia vida y las consecuencias de su proliferación y evolución.

Ésta es la base de apoyo de la teoria medeana para postular que la vida aparentemente busca su propia destrucción, moviendo a la Tierra cada vez más cerca del nefasto destino de volverse estéril como lo fue en sus comienzos. La Vida destruyendo a la Vida.

Gaia está muriendo. Larga vida a Medea. Por ahora.

9 de junio de 2009

Océanos

Un avión lleno de personas (que vistas desde lejos no son más que pequeños animalejos formados por estructuras carbonadas que respiran pequeñas cantidades de oxígeno y se introducen pequeñas cantidades de materia orgánica cada tanto y a intervalos de tiempo relativamente predecibles) se desmenuza a 11.000 metros de altura y cae en medio de la noche al mar como motas de hollín. El único testigo, la oscuridad del océano y los ocasionales estruendos de los truenos de una fuerte tormenta.

Ese grupo de personas, que caen al mar junto a los restos del avión, congelados, hipóxicos, dormidos algunos, otros aterradamente despiertos, se despiden silenciosamente de sus seres queridos, de sus responsabilidades, de sus cosas. Algunos se miran unos a otros, tratando de buscar en los ojos del hasta ese entonces extraño que ahora es el único nexo con sus propias humanidades desvanecientes, alguna respuesta, una palabra de contención que les de esa tranquilidad tan necesaria.
El océano los espera debajo, como una cama gigantesca que los hará dormir para siempre.

Esos últimos segundos, demasiado efímeros, son todo lo que les queda de unión a esta realidad, a esta vida. Pasan muy rápido, no alcanzan para nada. El ruido insoportable de la caída, de los rugientes motores quemando lo que quede de combustible, del viento silbando violentamente a través del metal rasgado como papel manteca, el ocasional grito, la oración, las palabras de desesperación, son todo lo que queda hasta ese inevitable final.

El silencio llega al fin. El evento sucedió, pasó. El caos pasa dejando lugar a un nuevo equilibrio, el del natural movimiento sinuoso de las olas, de la lluvia cayendo sobre el mar, del silencio ominoso de un océano oscuro y primitivo, que tapa todo, que hunde y esconde en lo profundo de sus aguas los restos de lo que fueron un grupo de seres humanos llenos de defectos y virtudes, esperanzas, deseos, secretos, pasiones, creencias. Vida.

La lluvia golpetea suavemente la superficie de las olas. No hay nada más.